• Francisca Fernández

Ginecólogos, matronas y “otros”

Actualizado: abr 3

Desirée Mena Tudela, Doctora en Ciencias de la Salud, investigadora y profesora de la Universidad Jaume I de Castellón y compañera del Observatorio de Violencia Obstétrica, acaba de publicar la tercera entrega de sus estudios acerca de violencia obstétrica. En esta parte se centra en valorar cuáles son los profesionales que la ejercen, en qué áreas de atención y en qué momento del proceso de embarazo, parto y puerperio ocurre con más frecuencia.


Las principales variables con las que trabaja el estudio son la información que reciben las mujeres, si se pide su consentimiento, si son criticadas por su comportamiento o tratadas con diminutivos infantiles, si se les permite exponer miedos o dudas, si creen que las intervenciones que se les practicaron fueron necesarias, grado de cumplimiento de los planes de parto y apoyo para el cuidado del bebé y la lactancia materna.



El estudio aborda también los sentimientos negativos que se derivan de la percepción de maltrato durante el parto y sus efectos a corto y largo plazo en la salud de las mujeres y el recién nacido. Entre ellos están la depresión postparto, el trastorno de estrés postraumático, no adaptarse bien al rol materno, problemas de lactancia o impacto en el deseo de tener más hijos.


Se trata de un estudio con 17.541 participantes en donde el área identificada con mayor violencia obstétrica es la de los paritorios hospitalarios. El 74,2% de las encuestadas menciona la falta de información y consentimiento como principal problema, y un 87,6% confirma que recibió críticas a su comportamiento y fue infantilizada por parte de los profesionales. Principalmente, ginecólogos, matronas y anestesistas, pero también sanitarios identificados como “otros”. Ello se debe a que, muchas veces, los profesionales no se identificaron por sus funciones y categoría profesional. Este dato es especialmente revelador, pues a pesar de que, en el ámbito de la salud, presentarse e identificarse ante los pacientes es un elemento básico de comunicación para establecer una relación útil, en el estudio se pone de manifiesto que muchas mujeres no pudieron identificar a la “otra” persona que percibieron que no las trataba adecuadamente.


Mena corrobora que el proceso de despersonalización, infantilización y cosificación de las mujeres comienza durante las visitas prenatales y continúa durante el parto y el puerperio, tanto en el inmediato como en el posterior en atención primaria. El trabajo apela a la formación como mecanismo de cambio:


Al considerar la formación de los profesionales, es necesario reflexionar sobre la noción de que los estudiantes de matrona pueden aprender sobre cómo pueden actuar de forma violenta durante la formación, porque esto ocurre durante su formación. Al mismo tiempo, esta violencia se diluye en un mar de violencia horizontal, que ni se denuncia ni se visibiliza.

En cualquier caso, para poder abordar esta realidad y cambiarla, los autores proponen una reflexión profunda sobre la estructura y gestión del Sistema Nacional de Salud, pues existe una sobrecarga de trabajo que requiere intervenciones que van más allá de la formación.


Para Mena, las evaluaciones de la calidad asistencial durante el periodo perinatal son muy importantes para que profesionales sanitarios, administradores, organizaciones y políticos puedan tomar decisiones sobre los cambios que hay que llevar a cabo. Agradecemos a Mena y sus colaboradores este excelente y necesario trabajo y dejamos aquí el enlace para quienes quieran profundizar más.


Como colofón, y salvando a esos “otros”, quiero hacer un apunte sobre la diferencia entre la atención prestada por matronas y ginecólogos. En mi experiencia, ambos profesionales pueden brindar una atención correcta o incorrecta por igual. La mayor variabilidad en los resultados se produce en relación a si la atención se prestó en la medicina pública o en la privada o en determinadas zonas geográficas, como Extremadura o Valencia, en donde los resultados son llamativamente malos en cuanto a parámetros como, por ejemplo, el número de cesáreas. En cuanto a la medicina privada, el número de inducciones y cesáreas también es marcadamente mayor, aunque por lo general no ocurren casos de autoritarismo médico extremo como el del Hospital Universitario Central de Oviedo o el de Valdecilla, en Santander. Esos casos ponen de manifiesto que las mujeres son más libres de tomar decisiones en el ámbito de su salud reproductiva si son atendidas en la privada que cuando acuden a la pública, o diciéndolo de otro modo: somos más respetadas como clientes que como ciudadanas.


Con todo, la atención prestada por matronas tiene ventajas. Los resultados en términos de mortalidad materno-infantil son similares a los partos atendidos por ginecólogos-obstetras, pero la tasa de intervenciones y uso de medicación es muy inferior cuando el parto ha sido asistido por matrona. Como decíamos en El Parto es Nuestro “Una matrona más, una cesárea menos”. En su magnífico libro “Guía de la Mujer consciente para un parto mejor”, Henci Goer analiza las diferencias entre el modelo de asistencia seguido por las comadronas y el modelo médico. Para Goer, el primero presenta más beneficios para las madres y los bebés, y extrae las siguientes conclusiones:


  • La medicación e intervenciones que le apliquen dependen principalmente de la filosofía de su asistente y no de su estado de salud.

  • Los resultados de salud materno-infantil de los partos asistidos por comadrona son tan buenos o mejores que los de los asistidos por ginecólogos, pero con tasas de intervención y medicación muy inferiores.

  • El trabajo de las comadronas puede verse afectado o limitado cuando se desarrolla en un entorno muy tecnificado o son los ginecólogos quienes dictan las normas.

  • La forma de actuar y la filosofía de las médicas es similar a la de sus colegas varones.


Esto último también coincide con mi experiencia: médicos y médicas están imbuidos en el mismo sistema patriarcal y, lamentablemente, la mayoría de las veces actúan igual.


Francisca Fernández Guillén es abogada especializada en salud sexual y reproductiva y negligencias médicas en el parto y miembro del Observatorio de la Violencia Obstétrica.

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